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Una mirada a la Educación Infantil en la Comunidad de Madrid

Junta de Portavoces de Educación Infantil 0-6

 

La Educación Infantil es la primera etapa del Sistema Educativo, siendo la base en la que se asientan los cimientos del resto de las etapas educativas.

En ella, todos los aspectos que integran la vida de los niños y las niñas son educativos y su objetivo es su atención integral, contemplando todas sus necesidades afectivas, físicas, sociales y de aprendizaje, siendo de vital importancia que los y las profesionales puedan garantizar el establecimiento de un marco privilegiado de relación afectiva, que potencie la calma emocional necesaria para que los niños y niñas se interesen por conocer los complicados mecanismos y situaciones del mundo que les rodea.

Por otro lado, el papel fundamental de la escuela debe ser el de asegurar la equidad, favoreciendo la igualdad de oportunidades y, por tanto, ser compensadora de las diferencias sociales y personales.

Las Escuelas Infantiles y las Casas de Niños son los centros educativos adecuados para atender a los niños y niñas más pequeños. Pero, la escolarización temprana no es garantía, en sí misma, del cumplimiento de estas premisas, ya que los estudios más actuales de organismos como OCDE, UNESCO y UNICEF,  si bien, ponen de relevancia su importancia, alertan de que tiene que cumplir unos estándares de calidad (profesionales bien formados, buenos proyectos educativos,  infraestructuras espaciales y los materiales necesarios, ratios adecuadas…), porque de lo contrario, se corre el riesgo de tener efectos nocivos, como tristemente hemos ido constatando en la Comunidad de Madrid, que ha priorizado la cantidad, sobre la calidad y por una privatización financiada con fondos públicos.

En esta primera etapa del Sistema Educativo, que asienta los cimientos del resto, los profesionales han de garantizar el establecimiento de un marco privilegiado de relación afectiva que potencie la calma emocional necesaria para que los niños y niñas se interesen por conocer los complicados mecanismos y situaciones del mundo que les rodea. Les estamos educando para la vida y una inversión generosa en estas primeras edades puede ayudar a prevenir problemas posteriores de más difícil y costosa intervención.

La calidad en educación infantil requiere de:

  1. Escuelas que sean parte de la comunidad, participativas, inclusivas, y flexibles, abiertas a su entorno, que intentan dar respuesta a los desafíos que las transformaciones sociales deparan al Sistema Educativo.
  2. Escuelas gestionadas por equipos capacitados para comprender la importancia de esta etapa vital tan determinante, y, por ello, conociendo en profundidad cómo se desarrollan y aprenden los niños y las niñas. Capaces de potenciar sus cualidades respetando su propio ritmo, acompañándolos en sus procesos de aprendizaje, a través de la observación, la escucha, y disponibilidad, y a sus familias, con respeto, empatía y reconocimiento de su competencia y de la complejidad de las distintas realidades familiares. Que tomen las decisiones curriculares necesarias para el desarrollo y el aprendizaje de sus niños y niñas (desarrollo de las competencias, diseño de situaciones de aprendizaje, metodologías, evaluación formativa, de su desarrollo integral…).
  3. Escuelas que dispongan de las instalaciones, espacios físicos, materiales didácticos y recursos educativos adecuados a las edades de los niños y las niñas, proporcionándoles seguridad y ofreciéndoles posibilidades y estímulos de acción, que favorezcan su autonomía personal y el sentimiento de competencia, necesarios para su desarrollo.
  4. Escuelas con ratios adecuadas al momento evolutivo de los niños y las niñas, gestionadas por el número de docentes suficientes para poder atenderlos en toda su individualidad.
  5. Escuelas que dispongan de la intervención de los Equipos de Atención Temprana, para plantear las medidas y realizar los correspondientes diagnósticos e intervenciones de atención a los niños y niñas con necesidades específicas y con sus familias.
  6. Escuelas que apoyan el fomento de la parentalidad positiva. En la Recomendación de la UE 19, se recoge la necesidad de ofrecer a los padres y madres oportunidades de reunirse, debatir y apoyarse mutuamente para fomentar una educación positiva y no violenta, dando importancia a que los padres y madres sean capaces de proporcionar a sus hijos e hijas: cuidados básicos, seguridad, afecto, estimulación, orientación, límites y estabilidad.

SITUACIÓN ACTUAL DE LA COMUNIDAD DE MADRID

El hecho que de las 264 escuelas infantiles públicas sólo 86 sean de gestión directa frente a las 178 de gestión indirecta, ha supuesto una gran pérdida de calidad, sobre todo a partir del decreto de 30 de julio de 2008, que adjudica la gestión indirecta de las escuelas infantiles a la empresa que presenten el proyecto económico más bajo, minusvalorando el proyecto pedagógico, que anteriormente era el que tenía más peso en la valoración, produciéndose, bajas temerarias, que inciden en la calidad del servicio. A ello se unió la modificación de la financiación, que pasó a realizarse en función del número de niños y niñas, en vez de módulo/aula. Todo ello ha hecho que la mayoría de los equipos pedagógicos y cooperativas que llevaban muchos años gestionando estas escuelas infantiles, no hayan podido seguir llevando a cabo su gestión.

El proceso de reordenación, iniciado en el año 2000, supuso principalmente la pérdida del ciclo de 3 a 6 años en la mayoría de las Escuelas Infantiles donde existía. Al mismo tiempo, comenzó el lento pero sistemático abandono de los centros públicos, junto con el aumento de las ratios, el descenso del número de profesionales exigido.

A lo largo de la última década, la externalización ha permitido una expansión nominal de las plazas, pero ha generado una vulnerabilidad estructural en las condiciones laborales de las trabajadoras, quienes quedan sujetas a la viabilidad económica de las empresas gestoras y a la rigidez de los pliegos de condiciones firmados.

El modelo de gestión indirecta ha demostrado sus límites al no poder integrar las necesidades de dignificación salarial y calidad educativa, dentro de un marco de licitación, que prioriza el ahorro presupuestario sobre el bienestar social.

Últimamente la Educación Infantil a vuelto al centro del debate público, aunque quienes la sostienen llevan años denunciando una situación insostenible: ratios elevadas, salarios muy bajos, falta de reconocimiento profesional, carga burocrática creciente…, que dibujan un escenario incompatible con una atención educativa de calidad a los más pequeños: con 8 bebés de 0 a 1 año, una sola persona no puede hacer bien su trabajo. No se trata solo de cambiar pañales o dar de comer, estamos hablando de acompañar el desarrollo emocional, cognitivo y afectivo en una etapa decisiva.

Por otra parte, las Casas de Niños, que nacieron como una respuesta educativa y socializadora para núcleos rurales en los que tanto los niños y niñas, como sus familias tenían pocas oportunidades de compartir espacios educativos, formativos y de participación, ha sido “trasplantado” también a núcleos urbanos, como modelo económico, que pretende enmascarar la demanda de plazas en las escuelas infantiles, habiendo perdido la identidad del modelo, pasando a funcionar solamente por las mañanas, en el horario lectivo de los niños y las niñas, desapareciendo las tardes con familias, las reuniones y la formación.

En cuanto a la atención a la diversidad de los niños/as, destacamos la sobrecarga de trabajo de los Equipos de Atención Temprana, debido al aumento desmesurado de centros asignados, no acompañado de un incremento de la plantilla de los mismos, imposibilitando una atención adecuada a los niños y niñas, que lo necesitan, el apoyo a los equipos educativos y a las familias. 

Dos situaciones más influyen en la pérdida de calidad en la educación infantil de la Comunidad de Madrid. Por una parte, la ausencia de una oferta para la formación permanente de los equipos educativos, así como la pérdida de la supervisión pedagógica de los centros que realizaban los técnicos de la Consejería de Educación, que no ha sido sustituida por una Inspección suficientemente formada en educación infantil.

Por otra, la elección de Directores/as para las Escuelas Infantiles, que recae directamente en las Áreas Territoriales, sin participación de la comunidad educativa en su elección. Tienen que ser maestras funcionarias, y, por tanto, no formando parte de los equipos educativos de estos centros, sino que son nombradas y traídas de los CEIP, en comisión de servicios.

El gobierno de España, tras la publicación de la LOMLOE que recoge su compromiso con la extensión de la educación infantil de los 0 a los 3 años y en concordancia con la Recomendación de la Unión Europea 2021/1004 del Consejo, donde se recoge un Plan para la Garantía Infantil Europea y con los compromisos establecidos con la UE para la concesión de fondos europeos de recuperación, concretamente para la creación de plazas públicas para los niños y las niñas de 0 a 3 años, ha obligado a la creación de dichas plazas públicas a la Comunidad de Madrid para poder recibir dichos fondos, optando en vez de por la construcción de Escuelas Infantiles, por insertar el primer ciclo de Educación infantil en 46 CEIP en el año 2022 y 33 en el año 2023.

Defendemos la coexistencia de distintos modelos de centros públicos, dando respuesta a las distintas necesidades de la Comunidad Educativa y a los distintos contextos, siempre que respondan a criterios de calidad. Pero la realidad es que, durante el primer año de la implantación de este modelo, se detectaron múltiples dificultades y deficiencias en su funcionamiento, aunque no en todos los centros, que no han sido evaluadas y corregidas, como, por ejemplo: personal de servicios insuficiente, en cuanto a limpieza o la presencia de un conserje, el no formar parte  del  proyecto  del  CEIP,  la  consideración  del personal de este ciclo como “no docente”, no poder acudir a claustros o presentarse al Consejo Escolar…

El buen funcionamiento de algunos centros se ha debido al empeño y profesionalidad de los equipos directivos y del equipo de profesionales que lo han desarrollado.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Para revertir y mejorar la situación caótica en la que está inmersa la Red Pública de Escuelas Infantiles y Casas de Niños de la Comunidad de Madrid, deberíamos partir de la elaboración de un Plan de Evaluación, que sirva como diagnóstico del momento en el que nos encontramos, y a partir de sus conclusiones, elaborar un Proyecto de Mejora de la Calidad de la Red Pública. En su elaboración e implantación, se contará con toda la Comunidad Educativa y los agentes sociales.

Así mismo se deberá construir un mapa escolar, en colaboración con los ayuntamientos, que tenga en cuenta las necesidades y demandas de cada municipio y barrio y que permita, en un periodo razonable de tiempo, atender las necesidades de plazas en cada uno de los ciclos de esta etapa, definiendo los centros en los que se van a escolarizar a los niños y las niñas, especialmente a los del primer ciclo, que es donde la situación es más heterogénea. Contemplando las necesidades de servicios de atención temprana, sin cuya adecuada planificación será imposible ofertar una educación infantil inclusiva y de calidad y estableciendo la adscripción de los centros de primer ciclo a los de segundo ciclo, de modo que se garantice la continuidad de la escolarización en toda la etapa.

Se debe trabajar para la conversión progresiva de las Escuelas Infantiles de gestión indirecta en gestión directa y la construcción de nuevas escuelas infantiles públicas de gestión directa en aquellos municipios y barrios donde sea necesario para responder a la demanda de plazas públicas.

En función de las necesidades, se podrá establecer un modelo 0-12 para los CEIP con equidad y de calidad, tras realizar una evaluación rigurosa de la experiencia de la inclusión del primer ciclo 0-3 en algunos CEIP.

Es urgente la elaboración de un nuevo Decreto de Requisitos Mínimos de los centros de Educación Infantil, adecuándolo a los criterios de calidad expuestos, en cuanto a las ratios, la introducción de la pareja educativa, la titulación de los profesionales los espacios, los materiales…, así como contar con una Inspección con formación específica para la etapa de Educación Infantil, que, además de exigir el cumplimiento de la normativa, sea un apoyo real para los equipos en el desarrollo de su Proyecto Educativo y que impulse la relación y coordinación entre los diferentes tipos de centros.

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Federación de la Comunidad de Madrid de
Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado
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