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La primera escuela infantil intercultural (de 0 a 6 años) en España

Presencia Gitana Asidiajú Callí

Asociación Nacional Presencia Gitana

 

La Escuela Infantil Intercultural "Can ta Chimutrí": una creación de la Asociación Nacional Presencia Gitana

Constituida en Madrid en febrero de 1972, la Asociación Nacional Presencia Gitana está reconocida como una organización civil, social, aconfesional, multirracial, intercultural, apartidista, no lucrativa, de funcionamiento interno democrático. Declarada de Utilidad Pública en 2005, persigue los siguientes objetivos:

  • manifestar, instalar, consolidar la presencia activa de la Comunidad romaní/gitana en la vida cotidiana de la sociedad, en España y a nivel internacional;
  • enfrentar estereotipos, discriminaciones, rechazos, intolerancias racistas, xenófobas, homófobas y de todo género;
  • favorecer la participación de la Comunidad romaní/gitana en la convivencia social, el reconocimiento de su autonomía cultural, la legitimidad de su lengua, costumbres y tradiciones, y el respeto debido a su diferencia desde la igualdad;
  • promover toda suerte de iniciativas, actividades y proyectos, cívicos, políticos, educativos, sociales, económicos, culturales, de estudio, investigación, edición, etc.;
  • recuperar, consolidar, acrecer, promover y difundir, para dar a conocer los valores del patrimonio cultural romanó/gitano;
  • profundizar en el proceso de reparación histórica y rehabilitación de la Comunidad romaní/gitana, en España y fuera de ella.

Creada en 1985 por Presencia Gitana con sus recursos, construida físicamente por Gitanos y no Gitanos "de todos los colores", la Escuela Infantil Intercultural 'Can ta Chimutrí' ['Sol y Luna', en lengua romaní/gitana] fue una experiencia pionera de aprendizaje abierto a la diversidad cultural, de origen, identidad y situación económica o social de las familias de la comunidad educativa. Funcionó como instrumento socio-pedagógico intercultural, determinante, innovador, evolucionario, avanzado y precoz. Esta utopía de 'convivencia desde la cuna' diseñó una acción socioeducativa de calidad, orientada hacia el desarrollo armonioso, el disfrute feliz y óptimo de las posibilidades de cada criatura desde cuatro meses a seis años, mediante una formación general para la vida en un mundo definitivamente mestizo, en un contexto inclusivo, laico, abierto e igualitario, de cooperación y de respeto mutuo, en el que se aprendía y se enseñaba, se vivía y convivía en la Cultura de Paz. Y todo ello para:

  • promover la equidad de los futuros ciudadanos desde su edad más joven, remontando los aspectos deficitarios, compensando carencias, eliminando prejuicios, amortizando diferencias negativas de origen o de nivel;
  • estimular el desarrollo evolutivo de la personalidad del alumnado (la recibida en el marco familiar y la aprendida fuera de él), los buenos hábitos y predisposiciones;
  • reforzar sus capacidades y la maduración de su equilibrio personal cognitivo, afectivo, físico, emocional y moral, interiorizadas como modelos de pensamiento y desarrolladas en futuras estructuras intelectuales;
  • favorecer y reforzar la interacción de la Escuela con las familias del alumnado, implicando a los padres en el proceso escolar, abierta al conjunto indiscriminado de la comunidad educativa del territorio donde se ubicaba;
  • conjugar de manera interactiva y adicional la diversidad vital presente en las aulas con la puesta en común de identidades diversas.

La Escuela Infantil aplicaba una pedagogía proactiva intercultural evolutiva adaptada al alumnado para el común colectivo 

La pedagogía intercultural integraba en las aulas la reciprocidad de intercambios desde la igualdad de todos los alumnos en el hecho escolar, como catalizador de reconocimientos recíprocos, disipando las amenazas para la identidad y la cohesión individual y familiar de quienes son diferentes. Su heterogeneidad específica estaba presente en la praxis cotidiana de la vida escolar como "máquina de convivir" cuando la Escuela reconocía a cada alumno y a su familia el mismo nivel de dignidad, desvaneciendo los conflictos interpersonales e interfamiliares que pudieran surgir de las desigualdades concomitantes al unir y combinar los innumerables aspectos y perspectivas de cada niño o niña, creando esferas armoniosas de diversidad.

No es posible comprender los procesos de desarrollo de la infancia en el tiempo sin tener en cuenta los múltiples factores que conforman el contexto en el que viven sus familias: los distintos medios en los que evolucionan como esferas superpuestas que influyen e interactúan en los aprendizajes que reciben los menores.

La educación intercultural es una necesidad objetiva imperativamente prioritaria en los centros escolares que, como hizo 'Can ta Chimutrí', acogen alumnos de barrios populares desfavorecidos, o de minorías étnicas o inmigrantes, que conviven con familias acomodadas, incluso de la élite. Coincide en su ámbito una amalgama de diversidad de orígenes, situaciones y culturas, cuya implicación en los procesos escolares contribuye a la conformación de una sociedad futura cada vez más diversa y definitivamente mestiza.

Lo intercultural no es una moda, sino un corolario de la interdependencia de las culturas, de los pueblos y

de los Estados. En el ámbito educativo, es un sustrato de todo el proceso que fundamenta su opción pedagógica y social, así como una filosofía operante y una praxis que favorece el intercambio plural, interactivo y equitativo de las diversidades, la coexistencia cooperativa compartida de las funciones de socialización primaria que llamamos "escuela", donde se aprende a conocer, respetar y comunicar, y a enriquecerse con la interacción.

Abierta de manera indiscriminada al conjunto de la comunidad educativa del espacio urbano en el que se ubicaba, nuestra singular y pionera experiencia de aprendizaje contribuyó a sembrar la conciencia de comunidad humana global que atraviesa las fronteras de lo cotidiano y del marco nacional, trascendiendo las diferencias de situación o de estatus, identitarias, de género, origen o pertenencia a un grupo cultural, étnico o inmigrado, diferenciado o vulnerable. 

A lo largo de los treinta y nueve años de funcionamiento, nuestra Escuela mantuvo el equilibrio entre el cambio y la continuidad. Intercultural, inclusiva, coeducadora, ni diferencial ni sexista, abierta y adaptativa a nuevas formas de educar; practicó la investigación-acción deliberativa y autocrítica, el laicismo exento de adoctrinamientos ideológicos. Trabajó en equipo el autodesarrollo, la creatividad y la sorpresa, la inteligencia emocional y social, la cultura de la corresponsabilidad, la estimulación de la atención no exenta de precaución ante lo cotidiano desatendido y la reacción sin miedo y con curiosidad por descubrir lo desconocido interesante.

Desde el curso escolar 2015-2016, 'Can ta Chimutrí' integró en su metodología la pedagogía de María Montessori para el aprendizaje de la responsabilidad y la autoformación desde el comienzo de la vida. El equipo educativo "seguía al niño" en sus periodos evolutivos o "etapas de desarrollo", en sus necesidades, capacidades e intereses, en el ambiente de su pequeña comunidad en la que crecía y se socializaba, exploraba el mundo y desarrollaba sus habilidades cognitivas esenciales.

El Consejo de Europa y la Unión Europea consideran la participación de las familias en el proceso escolar de sus hijos, en un clima de diálogo cooperativo y de confianza mutua, como un indicador de calidad de la educación infantil. Un indicador que guiaba nuestra Escuela.

Familia y escuela son instituciones complementarias en el trabajo educativo de generaciones sucesivas desde la cuna. Hans Zulliger sostenía que "la familia es el punto de reposo del niño: su seguridad reside en ella; ella es su patria". 

El papel de la familia es fundamental: puede favorecer o dificultar el desarrollo del/de la menor y su éxito. Animar y reforzar su participación y la alianza entre la escuela y la familia facilitan su continuidad educativa. Las características del bagaje familiar, el nivel cultural y social, la formación de los padres, o su ausencia, las ideas, estilos y prácticas educativas que ellos pudieron tener; el lenguaje utilizado en el hogar, el ambiente afectivo de la familia, las estrategias de disciplina y control efectuadas por los padres, sus creencias políticas y religiosas... todo tiene su influencia y sus consecuencias en la escuela. Las dificultades emergentes en el proceso escolar requieren respuestas a corto plazo. Por eso hay que animar desde la escuela a los padres emprendedores que se interesan y se movilizan ante el proceso que siguen sus hijos, porque contribuyen a su éxito escolar.

Los padres "invisibles" de clases populares desfavorecidas, de minorías o inmigrantes merecen una atención particular. Ellos confían en que la escuela les ayuda a alcanzar la igualdad de oportunidades que ellos no tuvieron (equidad educativa). Esta perspectiva igualitaria fue la aspiración asumida desde el inicio. Sin igualdad no hay crecimiento, ni individual, ni familiar, ni generacional, ni nacional.

El refuerzo de las familias y el apoyo a la función parental constituyó en nuestro centro una función social y pedagógica habitual que mejoró los resultados educativos y la calidad en el rendimiento escolar de su alumnado. Una praxis respetuosa, acogedora, empática, colaboraba con los padres en la socialización de los adultos, mejorando la vida cotidiana de las familias y de los grupos sociales que participaban en la Escuela: especialmente los más desfavorecidos.

El modelo de implicación parental de Seymour Epstein,  adoptado por nuestra Escuela, diferenció seis modalidades interconectadas: educación, comunicación, voluntariado, aprendizajes, toma de decisiones y colaboración con la comunidad. Su interrelación permite enfrentar los obstáculos, ideas y actitudes inconvenientes, y los desafíos o conflictos que, de no solucionarse, impiden o complican esta cooperación en términos de confianza, igualdad y transparencia, en situaciones individuales personales, intra o interfamiliares. La Escuela jugó un papel primordial en la lucha contra la exclusión social y la desigualdad que condicionan las relaciones sociales, en la instauración de una cultura del diálogo y del debate: punto de encuentro y factor de progreso, equilibrio y promoción social de menores y adultos, conjugando presente, esperanza y futuro.

De lo general a lo concreto, implicación de los padres con la Escuela. Pedagogía de los hechos en la praxis cotidiana de la Escuela Infantil Intercultural 'Can ta Chimutrí', su evolución desde 1985 hasta su cierre en 2024, cuando cesó la ayuda institucional a su mantenimiento.

Nota final. - Los hechos enseñan más que las doctrinas y el magisterio de los enseñantes. La memoria de lo que se hizo en 'Can ta Chimutrí' confirma su acción pionera. La implicación natural de las familias gitanas formaba parte de los valores ancestrales de su cultura. Su organización social gravitaba alrededor de la familia: unidad de base que constituye un todo de miembros solidarios ante las otras familias y ante los extraños. El nacimiento de los niños funda la familia. Sociedad no escolarizada, la función educativa de la infancia se ejerció secularmente en el ámbito de la familia; la escolarización de los niños es un acontecimiento social vivido colectivamente. Si los menores asisten a la Escuela, los adultos se implican plenamente en su proceso, reforzando su seguridad y confianza. Participación precoz que facilitó la implicación de los padres no gitanos.

La asistencia de los padres a reuniones y entrevistas, su participación en la vida del centro, el conocimiento del proyecto educativo, la coordinación fluida y sostenida, la colaboración en las actividades, el aprendizaje 'colateral' (los hijos educan a los padres: se inician en las reglas de funcionamiento y convivencia, y en los aspectos adaptativos, alimentarios, sanitarios y administrativos, comprendidos en el desarrollo integral del proceso educativo), su intervención en la toma de decisiones con iniciativas, su colaboración con la comunidad son derechos y deberes de padres y tutores, comprometidos con la Escuela.

En el seno de la Escuela se constituyó la Asociación de Madres, Padres y Tutores de Alumnos (AMPTA), cuya participación se caracterizó por ser fluida, sostenida y fructífera.

  • Talleres de formación de padres desarrollaron cursos sobre metodología del proyecto educativo; nutrición, cocina sana, higiene, salud escolar, individual, familiar y social, medicina preventiva; terapias de juego, psicología de la infancia, desarrollo evolutivo y necesidades de estimulación o terapias de recuperación; orientación familiar y equilibrio cognitivo, físico y emocional; consejo familiar sobre los programas didáctico-pedagógicos y la vida profesional; información y contacto con experiencias educativas, nacionales e internacionales.
  • En la Escuela se realizaron fiestas escolares y familiares.
  • Desde el curso escolar 2015-2016 hubo un Taller de Iniciación a la Metodología Montessori, integrado en la pedagogía de la Escuela. 
  • Taller de iniciación de padres, tutores y otros familiares al lenguaje bimodal (de signos), tercer vehículo de comunicación que, con el español y el inglés, como parte de la actividad escolar, se enseñaba a los alumnos a partir de sus 7-8 meses.
  • Un aspecto significativo de la implicación parental en nuestro centro: era muy difícil "desalojar" cada día a los adultos del patio-jardín, al recoger a sus hijos al final de cada jornada escolar.

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Federación de la Comunidad de Madrid de
Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado
FAPA Francisco Giner de los Ríos
C/ Pilar de Zaragoza, 22 - Bajo Jardín
28028 Madrid

 

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