|
Galapagar
Galapagar es un municipio del noroeste de la Comunidad de Madrid (España),
situado a 881 metros de altura sobre el nivel del mar, y a 35 kilómetros
de la capital, cerca del río Guadarrama. Su término municipal
tiene una superficie de 71,6 km²limita con diez municipios y está situado al sur de
Collado Villalba y al oeste de Torrelodones. Tiene una población
de 31.261 habitantes y una densidad de 403,96 hab./km².
Galapagar está ubicado en las estribaciones de la sierra de Guadarrama. Dentro del municipio se halla parte del Parque Natural del Río Guadarrama y su Entorno, caracterizado por el predominio del bosque mediterráneo y de ribera, así como por la existencia de amplias zonas de pastos. Encinas, enebros, fresnos, jaras, quejigos y pinos se cuentan entre las principales especies vegetales del municipio.
El nombre de Galapagar se debe a que los primeros asentamientos urbanos
dentro de nuestro término municipal estaban localizados alrededor
de una pequeña laguna en la que existía una colonia de galápagos;
por este motivo, en el escudo oficial del municipio aparecen representados
estos animales.
En Galapagar han residido y residen grandes personalidades del
mundo de las Artes, las Ciencias y las Letras como el dramaturgo
madrileño Jacinto Benavente, el pintor Palazuelo, el periodista
y escritor Arturo Pérez-Reverte, Tasio Greciano, primer ciclista
profesional ahora ya retirado,Chema Madoz
fotografo a través de cuyas obras avanzamos a comprender lo extraño de los atributos en las
formas y los ciclos que de forma machacona se producen en la naturaleza, Alicia Luengo Sánchez pintora
granadina, entre los más revelantes, además de ser cuna del torero José Tomás
.
Pueblo de gran tradición taurina, cuenta con numerosas peñas
afincadas en él. Conocer Galapagar es enriquecerse con su
arte, con su naturaleza y con su antigua cultura de tradición
castellana.

Historia
No hay ninguna constancia arqueológica o documental de que existiera
en Galapagar población romana alguna, sólo indicios, como
un miliario y un ara anepígrafa colocada junto a la iglesia parroquial.
Sin embargo al noroeste del casco antiguo del municipio, en la zona en
la que se levantó el Centro Cultural La Pocilla, se detectó
en su momento la presencia de un hábitat de época tardorromana-visigoda,
colocado junto a la vía romana que viene de Segovia por el puerto
de La Fuenfría.
El paso de los árabes por Galapagar fue denominado, por Félix
Hernández Jiménez, camino de Humayd o Balat Humayd, que
aparece en fuentes cristianas, desde el s. XII, como Bálatome,
y ponía en comunicación las dos mesetas castellanas. Vendría
desde Toledo por la margen derecha del río Guadarrama y llegaría
hasta el pueblo del mismo nombre, para remontar el puerto de Tablada hasta
El Espinar, coincidiría aquí con el camino medieval que
se bifurcaba en lo alto del puerto para dirigirse a Segovia por Ferreros
(Otero de Herreros), próximo a Riofrío. La ruta del Balat
Humayd aparece mencionada en varías fuentes musulmanas desde el
siglo IX. Es posible que el lugar se empezara a poblar en el siglo XII
sin ningún tipo de plan previo, puesto que han aparecido una serie
de yacimientos que nos remiten a despoblados de esta centuria. Uno sería
el también denominado de Galapagar, sito en una zona de canteras
hacia el kilómetro 4,500 de la carretera de Villalba; a la misma
época pertenecerían los denominados Ferrero, Fuente del
Álamo y Pazenporra.
El territorio pertenecía en 1208 al Sexmo de Manzanares, incluido
a su vez en la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, y en 1249 es citado
por primera vez en una carta, de la que hablaremos, en la que Fernando
III establece las lindes entre Madrid y Segovia, en un intento más
de resolver el litigio que las dos villas mantenían desde 1152,
durante el reinado de Alfonso VII, por la propiedad de estas tierras limítrofes
que, más adelante, por decisión de Alfonso X el Sabio, constituirían
el denominado Real de Manzanares.
Podemos pensar que en 1249 Galapagar ya existía, sin embargo es
posible que la auténtica fundación se remonte a la época
de más intensa repoblación cristiana, y en concreto hacia
el año 1268, reinando el rey Sabio, lo más probable es que
sus fundadores fuesen ganaderos segovianos que, incluso, pudieran haber
aprovechado algún hábitat anterior.
En 1297 Sancho IV incluye Galapagar en el territorio de Segovia en un
nuevo documento de amojonamiento que tenía por objeto proceder
al deslinde de los lugares pertenecientes a Segovia y Madrid respectivamente.
El Real de Manzanares y, con él Galapagar, seguiría oscilando
en el futuro entre Segovia y Madrid, entre el señorío y
el realengo, según los avatares historícos. Bajo el reinado
de Juan I pasará a la Casa de Mendoza (1383) y, en consecuencia,
al Condado del Real de Manzanares en 1445, encarnado en dicha Casa por
otorgamiento de Juan II. En 1475 Diego Hurtado de Mendoza será
nombrado por los Reyes Católicos primer duque del Infantado, ducado
bajo cuyo señorío permanecerá Galapagar largo tiempo,
alcanzando el transcurso de la Edad Media a la Edad Moderna. El asentamiento
original del pueblo se produciría aprovechando una zona relativamente
llana y extendida en el entorno de la encrucijada de un gran número
de caminos. En un enclave del extremo del hábitat se situaría
la primitiva iglesia, que pudo construirse a finales del siglo XIII o
principios del siglo XIV.
Otros yacimientos tardomedievales corresponden a una alquería
del siglo XIV, conocida como Las Ventillas y emplazada al sur del municipio,
en las inmediaciones de la urbanización Las Cuestas, así
como a la necrópolis de La Navata, que pudiera ser la misma en
torno a la cual, según Andrés Marín Pérez,
existió una ermita. El lugar es conocido como Prados de las Callejas.
A mediados del siglo XV pudo fundarse en el territorio de Galapagar, concretamente
en las proximidades de Navalquejigo, que algunos identifican con el embrión
de la primitiva población, la ermita de San Bartolomé, más
tarde conocida como del Cerrillo, mientras que la construcción
de la actual Iglesia Parroquial se iniciaría cerca del cambio de
la Edad Media a la Edad Moderna, durante cuyos primeros años continuarían
las obras.
Galapagar pierde su condición de anejo de la villa de Manzanares
en el año 1523, al conseguir su propio villazgo por concesión
de 24 de diciembre de Doña Juana de Castilla y del rey Carlos I.
El 20 de abríl de 1529 se vería confirmado en Toledo tal
otorgamiento.
En el Repertorio de Alonso de Meneses de 1576, aparece por vez primera
el Camino Real de Valladolid que desde Madrid continuaba por Aravaca,
Torrelodones, La Venta (en el municipio de Collado Villalba), Guadarrama
y Tablada. Dicha carrera le queda alejada al núcleo urbano de Galapagar,
pero su territorio sí se ve afectado por el este. Como por otra
parte en esta época existirá un camino a El Escorial que
pasa por Galapagar y arranca de Torrelodones, la conexión es evidente
y quedará reforzada en los años inmediatos con el monarca
Felipe II y la construcción del Monasterio de San Lorenzo de El
Escorial.
Aunque no se conservan las Relaciones de Felipe II correspondientes a
Galapagar, sí sabemos, por las de Villanueva del Pardillo, entonces
conocido como lugar del Pardillo, que en 1580, fecha de su realización,
éste era "aldea e jurisdicción de la villa de Galapagar,
con término propio delimitado, aportando una sesentena de vecinos
que habitaban otras tantas casas y se regían por un alcalde pedáneo
nombrado en Galapagar". Todo quedaba incluido en el Real de Manzanares,
ya propiedad como se ha visto del duque del Infantado, y a su vez se encuadraba
en el reino de Toledo y la provincia de Guadalajara, así como en
el distrito de la Real Chancillería de Valladolid, donde se resolvían
los pleitos en grado de apelación, puesto que los ordinarios se
contemplaban en el propio Galapagar. En el plano religioso se dependía
del arciprestazgo de Canales y del arzobispado de Toledo.
Tanto Villanueva del Pardillo, como el resto de los anejos de la jurisdicción
de Galapagar, es decir, Colmenarejo, Navalquejigo y Torrelodones, formaron
en 1564 sus propias parroquias, tras su desenajenación por Felipe
II.
Por estas fechas debían de existir en el término varias
ermitas, al menos las de San Gregorio y de la Vera Cruz, así como
la de San Bartolomé y la de San Bruno.
Aguas arriba del puente de las Minas existía otro puente de piedra
que algunos datan en el siglo XV y otros en el siglo XVI y que se conoce
como del Molino de la Navata, por encontrarse junto a un molino arruinado
de la misma época en el lugar de La Navata.
Como es frecuente en la historiografía española, el siglo
XV no cuenta en Galapagar con documentación que aporte datos al
respecto; sí sabemos que en 1630 a Colmenarejo se le concede el
villazgo, desapareciendo su fuerte vinculación con Galapagar, mientras
que Torrelodones, para el que también lo había solicitado
la duquesa del Infantado, ha de esperar a 1658 a que sea una realidad.
Navalquejigo sí continuará, por el contrario, unido a Galapagar,
pese al contencioso que con esta villa mantenía la de El Escorial
por su posesión desde 1503. Durante el siglo XVIII el pueblo siguió
formando parte, como cuarta villa del Real de Manzanares, del corregimiento
de Guadalajara dentro del partido de Colmenar Viejo, según nos
da cuenta en sus inicios el Vecindario General de España de 1717
y en sus postrimerías el Censo de Floridablanca de 1789, pasando
por las respuestas del Catastro de Ensenada y las Relaciones de Lorenzana,
hasta que en 1799 el partido judicial en su totalidad se integra en la
provincia de Madrid.
En 1751 las Transcripciones de las respuestas al Catastro de Ensenada
nos informan de que Galapagar continúa dependiendo de la Casa del
Infantado y que Navalquejigo y Colmenarejo le limitan por el oeste, mientras
que el Pardillo lo hace por el Sur. Aunque el Pardillo y Colmenarejo sean
ya villas y tengan delimitado su propio término, carecen sin embargo
de alcalde propio y a efectos fiscales se integran en la jurisdicción
civil de Galapagar; ello explicaría el que en el proceso de la
encuesta haya también vecinos de Colmenarejo y el Pardillo.
Con la ejecución del nuevo camino Las Rozas - Galapagar - El Escorial
y su ramal Galapagar - Guadarrama, que enlazaba con la magnífica
intervención efectuada en 1749 (reinado de Fernando VI) sobre el
puerto de Guadarrama, la villa recobre vitalidad.
Sin embargo, la invasión francesa tuvo graves repercusiones en
el pueblo, puesto que en él se asentó un destacamento galo
aprovechando su situación al borde de dos caminos estratégicos
en el acceso a Madrid.
Con la reforma administrativa de 1833 quedará sin valor el señorío
del Infantado, que tantos siglos había estado presente en la localidad,
la cual, a mediados de la centuria, continuaba inserta en el partido judicial
de Colmenar Viejo, constando ahora Navalquejigo como un agregado suyo.
Como en el resto de los pueblos de España y, por ende, de la provincia
de Madrid, a partir de la ley desamortizadora de Madoz, de diciembre de
1869, que es una de las consecuencias de la revolución de septiembre
de 1868, se transforma el mapa del territorio de cada término municipal.
Otro factor que modificará el territorio y la actividad económica
de Galapagar y los pueblos limítrofes es la llegada del ferrocarril,
a comienzos de los años sesenta. La línea del Norte de España,
Madrid-Irún, se trazará por Villalba y El Escorial en su
paso hacia Ávila y Medina del Campo, afectando al término
municipal en sus lindes este y norte.
Finalmente, hay que reseñar el encuadramiento de Galapagar desde
1887 en un nuevo partido judicial, el de San Lorenzo del Escorial, que
reabsorberá 14 municipios del partido de Colmenar Viejo, lo cual,
dada su proximidad a la recién cabeza de partido, significará
para la localidad unas evidentes mejoras de su vida administrativa.
En el siglo XX Galapagar se convierte en lugar de veraneo para muchos
madrileños, que triplican la población ordinaria, y que
originaron la aparición de numerosas colonias constituidas por
"hotelitos de piedra y pizarra", en los que se utilizaba la
piedra procedente de las canteras que el municipio tenía en explotación.
Durante todo este siglo se empiezan a promover la construcción
de diversas urbanizaciones en los extrarradios de la población.
La vía romana
Las fuentes sobre caminería de época romano y visigoda,
en la zona, se reducen a dos: el Itinerario de Antonino y el Anónimo
de Ravena. Ambos documentos son muy discutidos.
Según el Itinerario de Antonino las vías romanas que atraviesan
la actual Comunidad de Madrid son: la A24, de Mérida a Zaragoza;
la A25, otro itinerario de Mérida a Zaragoza y la A29, un tercer
itinerario entre las mismas ciudades, pero esta vez por Lusitaniam.
En realidad tendríamos dos vías: una que iría de
Segovia a Ocaña en nuestra zona y otra de Talavera a Alcalá,
pasando por Toledo. Nuestra interpretación de las mismas Esta vía,
que en nuestro tramo iría de Segovia a Titulciam, tendría,
en las cercanías de Galapagar, una mansio llamada Miac(c)um. Como
ya hemos apuntado, hay varios yacimientos que podrían corresponder
con ésta mansio situada a 29 millas de Segovia:
1) El Beneficio, el Collado Mediano, recientemente excavado por J. Jiménez
Guijarros, situada aproximadamente a las 24 millas que marca el Itinerario,
con un ramal desde la calzada de una milla.
2) Monesterio, en San Lorenzo de El Escorial. A unas 27 millas. Allí
hay un yacimiento romano, visigodo y musulmán, a orillas del Guadarrama.
3) San Yago, en el Km 40 del ferrocarril de Ávila, en donde se
encontraron dos inscripciones romanas. Allí se cumplen las 29 millas
de la variante desde Segovia.
Desde allí, la vía iría por Galapagar, en donde
se ha encontrado un miliario, de Caracalla, recogido en las dependencias
del Ayuntamiento, y en cuyo término municipal se ha excavado un
tramo de calzada.
En el mes de Diciembre de 1994, y por encargo de la Comunidad de Madrid,
dentro del turno de oficio del Colegio de Doctores y Licenciados Olga
Vallespín, Carlos Caballero y Ángel Conejo, realizaron una
intervención de urgencia en la Calzada Romana de Galapagar, en
la zona de la vía pecuaria llamada Cordel de Suertes Nuevas, junto
a la carretera de Galapagar a Collado-Vlllalba y el llamado Puente del
Toril (VALLESPÍN, Olga, CABALLERO, Carlos y CONEJO, A. 2000). El
objetivo de la intervención era "documentar los restos, dotarles
de una cronología y dictaminar sobre la posibilidad de integrarlos
en un proyecto de parque lineal promovido por el consistorio local".
El tramo intervenido constaba de dos tramos de 200 y 40 m. de longitud,
con una orientación general noroeste-sureste. A estos dos tramos
ya conocidos se añadió durante la intervención un
tercero, al norte de los anteriores, enterrado y en aparente buen estado
de conservación, al haber quedado oculto por el talud de la carretera.
Además, prospecciones sobre el terreno complementarias de los trabajos
permitieron documentar un cuarto tramo que prolonga la calzada por el
lado oeste de la carretera, y cuyos restos se prolongan en una longitud
aproximada de 3,5 km., en dirección al Puente del Herreño.
Se realizó una limpieza superficial y dos catas, que "permitieron
determinar las características constructivas de la calzada y establecer
la anchura media del empedrado, que quedó cifrada en tomo a los
8 metros." La técnica constructiva consistía en "grandes
losas asentadas sin argamasa sobre pequeñas piedras de granito
y cuarzo". Su grado de conservación era bueno, pero las excavaciones
no proporcionaron material arqueológico alguno que pudiera otorgar
una cronología a los restos.
Los arqueólogos que realizaron la excavación mantienen
que su cronología es romana, basándose en que la vía
está en el corredor de la vía romana, que procede del Puerto
de la Fuenfría, y también en la aparición de un miliario,
descubierto en los años 70 y custodiado en el antiguo calabozo
del Ayuntamiento de Galapagar, muy cerca de donde fue encontrado y a donde
conduce directamente la vía excavada.
Siguiendo hacia el sureste, en dirección al centro de Galapagar,
junto al Centro Cultural la Pocilla, se encuentra otro tramo corto al
descubierto. A él corresponde la planta que aparece en el artículo
citado.
Un poco más al sur la calzada pasa al otro lado de la valla y
penetra en el interior de la parcela adyacente, desde donde se dirigiría
ya hacia la Plaza Mayor de Galapagar, en cuyas cercanías, en la
calle Torrelodones, apareció en los años 70 el miliario
que hoy se encuentra custodiado en el antiguo calabozo municipal.
Lugares de interés
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
En el siglo XVI, el gran Duque Diego
Hurtado de Mendoza construye la Iglesia, consagrada por el Cardenal
Cisneros en 1513. Los Reyes Católicos regalaron para ella objetos
religiosos como el cáliz limosnero. Es un edificio rectangular con
una airosa torre de planta cuadrada en la esquina sur de la fachada
poniente. La torre está formada por dos cuerpos separados por una
imposta de piedra. El primero de ellos, de mayor altura, está
construido en piedra de sillería, al igual que el segundo campanario
que va rematado por una cornisa adornada con bolas de piedra. En
cada fachada se abren dos ventanales rematados por arcos de medio
punto y cubierta por un tejado piramidal, adornado en su vértice por
una cruz.
La Puerta de entrada muestra un bello arco carpanel
adornado con alfiz y en el interior del templo se alzan tres naves.
Una nave central apoyada sobre pilares rectangulares que forman seis
arcos de medio punto y dos naves laterales con la mitad de anchura
que la nave central. El presbiterio es de planta cuadrada, se accede
por un arco apuntado y cubierto por bóveda de crucería gótica, con
terceletes, reforzada por el exterior por unos contrafuertes en sus
esquinas, rematados con adornos de bolas de piedra. La cubierta de
la nave muestra un artesonado de madera de Valsaín, de par y
nudillo, con dobles tirantes característico del siglo XVI.También
cabe destacar su pila bautismal de estilo barroco.
La
Parroquia fue declarada Bien de Interés Cultural por la Comunidad de
Madrid en 1995, y en ella se celebran entre otros eventos el
Concierto de Navidad.
Monumento a Jacinto Benavente
Galapagar fue lugar de residencia del dramaturgo
madrileño Jacinto Benavente y en su honor se construyó un monumento
al lado de la Iglesia Parroquial de la Asunción, en la Plaza de la
Constitución. Residió en un palacete situado en una finca a las
afueras del pueblo denominado El Torreón, enclave natural
privilegiado con la Sierra de Guadarrama a su espalda.
El
escritor fue enterrado en el antiguo cementerio de Galapagar en el
año 1954.
Ayuntamiento
Fue construido en la segunda mitad del siglo
XVIII, y reformado durante el siglo XX.
Contiene elementos de piedra labrada y se ha
utilizado para múltiples usos desde escuela pública hasta
cárcel.
Rollo o Picota
Símbolo de Jurisdicción y Justicia, dado a
Galapagar por su Majestad Emperador Carlos V, el 20 de enero de
1525, día de San Sebastián, siendo Señor de la Villa, Don Diego
Hurtado Mendoza, Duque del Infantado.
Calzada Romana
El Imperio Romano en Galapagar nos
dejó la Vía XXIV Antonina, una calzada romana del siglo III d.c.,
que cruza el Municipio en diagonal de norte a sur, pasando por
varios sitios: los Llanos de San Bartolomé, El Guijo, el Toril, el
Congosto, la Casa Amarilla, Matamora. Esta vía unía Segovia con
Complutum la actual Alcalá de Henares.
Los tramos mejor
conservados se encuentran cerca del Puente de El Toril, con una
extensión aproximada de 200 metros, y en el Descansero de La
Pocilla, (junto a La Casa de Cultura de Galapagar) con alrededor de
43 metros de longitud.
La calzada romana está catalogada como
vía pecuaria, formando parte del Cordel de Suertes Nuevas,
subsidiario de la Cañada Real Segoviana. Su estructura está
compuesta por grandes losas de piedra asentadas sobre pequeñas
piedras de granito y cuarzo sin la utilización de
argamasa.
Se localizó un Miliario en el tramo de la calzada
de la época del emperador Caracalla entre el 213 al 217 d.c. El
Miliario es una piedra o columna que señala una milla (medida romana
que equivale a 1.480 metros) y donde se realizaban inscripciones
conmemorativas.
Actualmente se encuentra en dependencias del
Ayuntamiento, donde fue trasladado hace más de veinte años para
evitar su pérdida o robo.
Iglesia de San Bartolomé o de El Cerrillo
En 1447 se edifica la Iglesia de San Bartolomé,
más conocida como la Ermita de El Cerrillo. Su construcción se
financió a través de una donación del Marqués de Santillana de 1.000
maravedíes, debido a su mal estado a finales del siglo XVII y
comienzos del XVIII se reconstruye con piedras de granito. La última
reforma necesaria se llevó a cabo en el siglo XX. Actualmente se
celebra la romería de Galapagar el segundo domingo de Mayo, en honor
a Nuestra Señora de los Desamparados.
Puente de la Alcanzorla
De origen romano, se localiza cerca del núcleo
urbano de La Navata, sobre el río Guadarrama, a cuatro kilómetros de
la capital municipal . Puente de un solo ojo, formado por un arco
semicircular de medio punto, conserva la sillería del entredos de
forma casi perfecta.
Puente de Herrera

Se construyó en la época de Felipe II para
mejorar el camino hacia el Monasterio de El Escorial y llega hasta
el paso de la Fuenfría. Se atribuye a la etapa de Juan Herrera,
arquitecto, matemático y geómetra español.
Junto al puente podemos encontrar un
mojón del año 1793, que señaliza un vedado de caza menor.
Puente del Retamar
Entre los pasos y caminos creados a
raíz del siglo XVI, cobra gran importancia el Puente de Retamar,
paso casi obligado sobre el río Guadarrama, para ascender desde las
Rozas a Galapagar y Colmenarejo, continuando hasta El
Escorial.
Diversos estudios sitúan el puente en las
postrimerías del siglo XVII, según un proyecto presentado en 1691
por Juan de Setién. En el proyecto, el puente se construiría
completamente de piedra y contaría en un principio con cinco ojos,
que luego fueron ampliados a siete. Para hacer practicable el paso
el duque de Medina Sidonia (caballerizo mayor del rey), mandó
colocar en 1709, un entramado de madera con cargo a las arcas
reales. Estos expertos en historia local atribuyen también a Pedro
Ribera la realización del proyecto, encargado por el Marqués de
Vadillo en 1718.
Puente del Molino o Viejo de la Navata
Es un puente constituido por tres ojos, si
bien su construcción se remonta al medievo, su infraestructura
parece romana, comunicaba una zona cerealista con otra ganadera y
junto a dicha construcción se encuentran unas ruinas de un antiguo
molino harinero.
Puente Herreño
Caminando por la carretera de
Galapagar a Guadarrama nos encontramos con el Puente Herreño a unos
dos kilómetros del cruce de la carretera de El Escorial y atraviesa
dicho río.
Fue fabricado poco antes del año 1784, formando parte
de las realizaciones llevadas a cabo con motivo de la construcción
del “Camino Real de Madrid a Castilla la Vieja” por Carlos III., Se
trata de un puente de tres tramos formados por bóvedas escarzanas.
De los tres arcos iguales, el central queda enmarcado por dos
tajamares coronados por dos cuerpos cónicos. La fábrica está
realizada a base de sillares regulares de granito. Una gruesa
imposta redondeada recorre todo el puente bajo el pretil de grandes
sillares.
Presa de El Gasco
Es una inmensa obra de ingeniería del
siglo XVIII del ingeniero Carlos Lemaur. Fue uno de los proyectos
con el que la Corte española pretendió hacer navegable la conexión
con el río Tajo y con la corte lisboeta.
A 750 metros sobre
el nivel del mar, en un empinado valle de camino de El Escorial, la
presa de El Gasco se integra durmiendo en el paisaje, con un abrazo
de miles de toneladas de piedra, al curso del río Guadarrama, que
transcurre suavemente bajo los inmensos 72 metros de bóveda de cañón
de su base. La presa fue levantada según una técnica
arcaica-posiblemente heredada de los romanos- en muros transversales
de mampostería asentados con mortero, rellenando los huecos con
materiales sueltos. Sería la presa más alta de su época, con 93
metros de altura. Su construcción se prolongó hasta el reinado de
Carlos IV, pero en 1799 una tormenta derrumbó parcialmente el muro
frontal, que ya alcanzaba 53 metros, y esto unido a los grandes
problemas de construcción, hizo que se abandonase el proyecto, pero
hoy día se pueden ver restos de esta obra.
Sobre la
coronación de la presa hay varias encinas y pinos. A los lados hay
canteras; más abajo quedan restos de los pabellones de los
ingenieros y 26 kilómetros del canal que se llegaron a construir.
El Canto del Peso
El Canto del Peso es un conjunto de piedras en
equilibrio de origen natural, y por la belleza paisajística del
entorno que lo rodea, ha sido y es uno de los lugares más
emblemáticos de Galapagar.
|